Monday, November 06, 2006

 

7 - Una sonrisa tras la tapia

Comienzo de un artículo de José Luis Martín Descalzo en ABC:



Raúl Follerau solía contar una historia emocionante: visitando una leprosería en una isla del Pacífico le sorprendió que, entre tantos rostros muertos y apagados, hubiera alguien que había conservado unos ojos claros y luminosos, que aún sabían sonreír y que se iluminaban con un "gracias" cuando le ofrecían algo. Entre tantos "cadáveres" ambulantes, sólo aquel hombre se conservaba humano.

Cuando preguntó qué era lo que mantenía a este pobre leproso tan unido a la vida, alguien le dijo que observara su conducta por las mañanas. Y vio que, apenas amanecía, aquel hombre acudía al patio que rodeaba la leprosería y se sentaba enfrente del alto muro de cemento que la rodeaba. Y allí esperaba. Esperaba hasta que, a media mañana, tras el muro, aparecía durante unos cuantos segundos otro rostro, una cara de mujer, vieja y arrugadita, que sonreía. Entonces el hombre comulgaba con esa sonrisa y sonreía él también. Luego el rostro de la mujer desaparecía y el hombre, iluminado, tenía ya alimento para seguir soportando una nueva jornada y para esperar a que mañana regresara el rostro sonriente.

Era -le explicaría después el leproso- su mujer. Cuando le arrancaron de su pueblo y le trasladaron a la leprosería, la mujer le siguió hasta el poblado más cercano. Y acudía cada mañana para continuar expresándole su amor.

-Al verla cada día -comentaba el leproso- sé que todavía vivo.

No exageraba: Vivir es saberse queridos, sentirse queridos. (...) Y asombrosamente, la sonrisa -que es la más barata de las ayudas- es la que más tacañeamos.




Comments: Post a Comment



<< Home

This page is powered by Blogger. Isn't yours?