Sunday, March 04, 2007

 

54 - El general Dupont y los mejores coroneles

Vernon A. Walters, general norteamericano, asesor de política exterior de varios presidentes norteamericanos, escribe en sus memorias “Misiones discretas”, p. 324, sobre la visita de Eisenhower a España en 1959:





En la mañana del día siguiente, 22 de diciembre, fui en automóvil con el presidente a El Pardo, para celebrar conversaciones con Franco. Esta visita comenzó con un desayuno en el que imperó un ambiente tan amistoso y de tan buen humor que Eisenhower me pidió que contara a Franco una historieta que yo había contado a Ike, y que le había divertido mucho. Es la siguiente:

En los ejércitos de Napoleón había un coronel llamado Dupont. Era extraordinariamente valeroso, lo cual es frecuente en los coroneles, y era extraordinariamente estúpido, lo cual es muy infrecuente en los coroneles. Pero ansiaba rabiosamente llegar a general, que es lo que les pasa a todos los coroneles. Napoleón decía que le constaba que Dupont era valeroso, pero que no podía tener a un general tan estúpido en el ejército francés. Sin embargo, en la batalla de Austerlitz, Napoleón vio como Dupont daba una carga al frente de la caballería de la Guardia, rompiendo las líneas rusas y austriacas, y ganando prácticamente la batalla. Y mientras esto ocurría, Napoleón vio que Dupont se tambaleaba en la silla y que caía del caballo. Le habían herido. Muy impresionado, Napoleón mandó inmediatamente a su ayudante y a su médico Larrey, para que éste hiciera cuanto pudiera para salvar a Dupont. Poco después, el joven ayudante, regresaba al galope al lado de Napoleón, y le decía: “Sire, una bala ha atravesado la cabeza del coronel Dupont. La bala le entró por una oreja y le salió por la otra. Larrey dice que el coronel Dupont ahora está todavía consciente, pero que morirá antes de que anochezca”. Napoleón pensó durante unos instantes y dijo: “Muerto antes de que anochezca ... Bueno, pues vaya allá y dígale al coronel que le he ascendido a general”. El joven ayudante salió disparado al galope, y llegó a la tienda de campaña de asistencia médica, en donde Larrey estaba tratando al nuevo general, le había dado a Dupont unos buenos tragos de coñac, le había aserrado la tapa de los sesos, y había puesto el seso sobre una mesa. El seso estaba muy dañado y Larrey intentaba recomponerlo, en el momento en que el ayudante entró en tromba en la tienda de campaña y anunció: “El emperador acaba de ascender al coronel Dupont a general”. Dupont había quedado notablemente afectado por el coñac Napoleón, y tenía el seso sobre una mesa, pero, a través de los vapores del coñac oyó la palabra mágica “general”, y, tambaleándose se puso en pie, se colocó la tapa de los sesos, y se dirigió vacilante hacia la puerta. Larrey fue tras él, diciéndole: “Mon general, no puede irse tal como está ... ¡Que se deja el seso en la mesa!”. A lo que Dupont, tartajeando, repuso: “¡Que se vaya al cuerno el seso! ¡Ahora soy general y para nada lo necesito!”.

Todos los presentes, algunos de los cuales eran generales, se rieron mucho. Franco también rió, y luego astutamente, dijo a Eisenhower:

-¿Se ha fijado en quienes no son generales se han reído mucho más que los generales?.

No había sospechado yo que Franco tuviera esa clase de sentido del humor. Luego, Franco añadió:

-La razón por la que los generales son tan malos estriba en que son elegidos entre los mejores coroneles.

Estas palabras hicieron reír de veras a los generales allí presentes.










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