Thursday, March 22, 2007

 

63 - ¡Tú, con lo importante que eres!

Jesús Martínez García escribe en un folleto:




“Pero tú, con lo importante que eres, ¿tienes que obedecer a Dios? ¿Y si no le obedeces...? Serás independiente ..., serás como Dios.

Sin embargo, es bueno que reflexionemos. ¿Verdaderamente somos tan importantes? ¿Quién es la persona que hace esas preguntas, y que se cree tan independiente? Veamos, ¿cuántos años tengo? ¿Sesenta? Bien.

Dicen que el hombre más antiguo del que se tiene noticia puede datar de hace 500.000 años. Una enormidad, y sin embargo, ¿qué es la historia de todos los hombres comparada con la de la tierra? Los científicos estiman que han transcurrido 4.600 millones de años desde que se solidificó la superficie de la tierra.

Si imagináramos la duración de la existencia de la tierra como un día de veinticuatro horas, ¿qué lapso de tiempo correspondería a la humanidad? Empieza a contar el reloj desde que se forma la corteza del globo terráqueo y empiezan a pasar las horas.

Pasado el mediodía, veríamos nacer la vida y embellecerse la tierra, pero por ningún lado veríamos al hombre. Pasarían las horas, y cuando hubieran pasado veintitrés, es decir 79.200 segundos, todavía no habría ni rastro de él. Pasaría la última media horas ..., faltarían diez minutos, cinco ..., y todavía no se vería ningún hombre.

Sólo cuando faltasen nueve segundos, aparecería el primer ser humano. Quedarían 500.000 años por delante hasta naciéramos cada uno de los que vivimos en este siglo; poco más de una milésima de segundo de nuestro reloj ficticio. Eso sería la duración de mi estancia en la historia de la tierra. ¡Qué brevedad, qué insignificancia comparada con la historia de nuestro planeta! Y, después de todo, la medida que hemos tomados como punto de referencia es nada, casi desaparece con la historia de las estrellas que nos rodean. Para ser que el sol que nos alumbra tiene de edad más de cinco billones de años.

¿Por qué tengo que reconocer los Mandamientos y procurar cumplirlos? Porque Dios es Dios, y yo ... soy una pequeña criatura cuya importancia radica precisamente en obedecer a Dios.











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