Sunday, July 08, 2007

 

154 - La desobediencia creativa de Nelson

José Cayuela y Ángel Pozuelo en su libro “Trafalgar”, pp. 114-115, cuentan del modo de obedecer de Nelson lo siguiente:




Ataque de la flota inglesa a la danesa en Copenhague (2.IV.1801).

El gobierno británico hizo partir el 12 de marzo de 1801 a una amplia flota bajo el mando del viejo almirante Hyde Parker. La segunda autoridad de aquella escuadra era Nelson, quien el día 21 de aquel mes celebraría un despacho clave con Parker al objeto de trazar el plan de combate. (...).

Las flotas conjuntas de Dinamarca, Suecia y Rusia alcanzaban un número total de 83 grandes navíos de línea, mostrándose como una teórica provocación a la seguridad británica del Báltico y a su imperativo de acuciar el comercio con destino a Francia. El día 30 de marzo la escuadra de la Navy cruzó el estrecho del Sund, llegando a aguas de Copenhague el día 1 de abril. Para desencadenar la acción prevista parecía necesario asediar a la Flota danesa por separado de sus aliados. En la noche del 1 al 2 el propio Nelson, en compañía de Hardy, decidió inspeccionar las aguas cercanas a dicha flota en una barcaza. Su intención era atacar al día siguiente con 20 navíos de línea en maniobra separada a la de Parker, pues la posición de los barcos daneses en hilera, entre un gran banco de arena y tierra firme, propiciaba tal actuación. Mientras tanto, Parker debía distraer a las baterías flotantes que guarecían la flota enemiga. Era evidente que Nelson había confeccionado la totalidad del plan de combate, por la propia audacia calculada del mismo, quedando el viejo Parker a su sombra táctica. Se trataría del posteriormente definido como “Nelson’s touch”, que ya había funcionado en Abukir, basado además en el principio de lucha individual de las unidades navales para evitar engorrosas y lentas contraórdenes desde el mando en medio de la refriega. Aquello formaría parte de la legendaria “desobediencia creativa”, puesta ya en práctica también en el cabo San Vicente.

Las primeras acciones se iniciaron en torno a las diez de la mañana, siendo especialmente dificultosas para los ingleses, pues sus navíos “Bellona”, “Rusell” y “Agamennon” encallaron en los distintos bancos de arena no visibles desde la superficie. Nelson acogía bajo sus órdenes a doce buques. En tal aspecto, su navío “Elephant” entró en batalla de nuevo cerca de la vanguardia, allegándose excesivamente a los enemigos. Al seguirle la mayoría de las unidades que comandaba, acabó provocando grave riesgo de pérdidas entre sus propios barcos, pues la Marina danesa poseía una buena preparación y una magnífica artillería. En esto último conviene insistir, ya que el asedio a la Flota de Dinamarca fue ante todo una batalla entre cañones, sin practicarse apenas abordajes. Al poco tiempo de la confrontación se había perdido o había quedado inutilizado para la acción británica un buen número de naves, situación que el almirante Parker, al observar los acontecimientos desde la distancia, intuyó como muy peligrosa, izando la “señal 39” sobre sus mástiles, el signo a Nelson de retirada. Pero Horatio Nelson continuó en batalla con sus navíos, sabedor de que, en función de una mayor presión, las posiciones tácticas danesas no aguantarían demasiado.

De hecho, es famosa la anécdota de que Nelson, al advertirle un subordinado suyo la señal de Parker en forma de bandera, se puso el catalejo sobre el parche del ojo derecho, aquel que había perdido años atrás, comentando burlón en pleno combate que “no distinguía la señal de Hyde Parker”. A partir de entonces Parker concentró su atención en encerrar a los daneses entre dos fuegos, apoyando de esta manera a su segundo. Nunca llevó a mal posteriormente la iniciativa de Nelson ante el caso omiso que éste hizo a su orden, pues parece ser que incluso realizó el comentario disculpatorio de que “si Nelson no la atendía podía ser a causa de hallarse en posición ventajosa dentro de la dificultad”. A las doce y media de la mañana, con más de dos horas de refriega, los daneses comenzaron a retirarse. Así pues, y tras las consecuencias de las frecuentes andanadas de cañonazos británicos y el acercamiento paulatino además del resto de las unidades al mando de Parker, Nelson decidió no agravar la matanza en función de su ya mentada repugnancia por las sangrías inútiles.









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