Thursday, January 10, 2008

 

252 - La otra “Armada Invencible”

Pablo Victoria escribe en la Introducción de su libro “El día que España derrotó a Inglaterra” sobre el intento de los ingleses de conquistar Cartagena de Indias, y que acabó en un fracaso para los invasores:



El 13 de marzo de 1741 asomaba sobre las costas de Cartagena de Indias (Colombia), en el antiguo Virreinato de la Nueva Granada, la mayor Armada invasora que Inglaterra había lanzado contra España. La comandaba el almirante Sir Edward Vernon.

Los planes de los ingleses eran apoderarse de todo el Imperio Español de Ultramar, estrangulando la yugular de la ruta del tesoro americano, sometiendo la plaza amurallada, “Llave” de las Antillas, y penetrando hacia Santa Fe de Bogotá hasta alcanzar los ricos reinos del Perú.

Era esta una nueva Armada Invencible que, compuesta de 180 navíos, superaba la de Felipe II, y quizás la mayor de todos los siglos, después de la Armada que atacó las costas de Normandía en la II Guerra Mundial.

El ejército invasor estaba constituido por 23.600 soldados (entre ellos, 2.700 hombres de las colonias norteamericanas, comandadas por el hermano de George Washington, futuro libertador de los Estados Unidos), y cerca de 3.000 piezas de artillería.

Frente a ellos, las posesiones españolas sólo estaban defendidas por 2.800 hombres y seis navíos.

Estaba Inglaterra tan segura de su victoria, que hasta mandó acuñar monedas conmemorativas del triunfo. En ellas se leía: “La arrogancia española humillada por el almirante Vernon” y “Los héroes británicos tomaron Cartagena, 1º de abril de 1741”. En dichas monedas aparecía el Almirante inglés recibiendo la espada de Blas de Lezo, quien, arrodillado, la entregaba a su conquistador.

Pero Inglaterra no pudo lograrlo. Se lo impidió este heroico general de la Armada, que tuerto, manco y con una pierna amputada -por todo lo cual era llamado “medio-hombre”- demostró que a quien los ingleses tenían enfrente era todo un “hombre y medio”.

Finalmente, el envalentonado agresor se retiró con su Armada desmantelada y sus hombres diezmados por los combates y las enfermedades. La derrota fue la mayor humillación que nación alguna hubiese sufrido, particularmente dada la superioridad de las fuerzas y las celebraciones anticipadas de la victoria, amén de las conmemoraciones numismáticas que se habían hecho.

(…)

Las bajas totales de los ingleses, por enfermedades y combates, habían sido descomunales: cerca de 6.000 muertos, de los cuales 2.500 habían sido causados en la lucha y 3.500 por el “vómito negro” (peste) y 6.500 heridos, muchos de los cuales murieron en su trayecto hasta Jamaica. Habían perdido seis navíos de tres puentes, trece de dos y cuatro fragatas, además de innumerables barcos de transporte (posiblemente unos 50 de 130). Similarmente destruidos o caídos en poder de los defensores había unos 1.500 cañones, innumerables morteros, tiendas, palas, picos, equipos y pertrechos de todo tipo. Esto supuso una grave pérdida para la flota de guerra de la Armada británica.

Los españoles, por su parte, habían perdido 800 soldados, entre neogranadinos y peninsulares, tenían 1.200 heridos, más la pérdida de 6 barcos de guerra y varias embarcaciones menores. Tenían graves pérdidas varios fuertes que defendían la ciudad, habían perdido unos 400 cañones, y la propia ciudad de Cartagena había experimentado muchos daños.







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