Tuesday, November 18, 2008

 

290 - El monaguillo de Chelsea

Thomas Seuffert en su librito “Der Herr lädt uns ein (Geschichte zur Erstkommunion)”, S. 23-24, basándose en el biógrafo de Thomas Moro, Thomas Stapleton, escribe lo siguiente:


Cuando volvía Tomás Moro de la Corte había gran alegría en su casa de Chelsea y habría una agradable tarde juntos. Antes de irse a dormir, rezaban sus oraciones de la noche. Después se quedaba un rato largo hablando con su mujer Alice de sus cuatro hijos, de los otros habitantes de la casa y de las personas del servicio.

Muy de mañana al día siguiente se veía al Canciller otra vez de pie. Iba a la iglesia que estaba a cinco minutos andando. En la sacristía el párroco saluda a su feligrés. Tomás va al armario y saca un traje talar. El párroco le dice:

-¿Qué significa eso?

-Yo ayudaré a la Misa. No hay nadie para hacerlo.

-¡Usted no puede actuar como monaguillo siendo el Canciller del Reino!

-¿Por qué no?

Pero Tomás se viste el traje talar, coge un roquete y se lo pone encima.

Las gentes vieron lo que ya habían visto a menudo antes: Tomás Moro ayudando a Misa. Pero ahora como Canciller.

Por la tarde estaba como siempre en la iglesia para cantar las vísperas. (Las vísperas de cada día se siguen cantando en muchas iglesias inglesas). El Canciller estaba de nuevo allí, y vestido con su roquete de coro. Esta vez en la Schola como cantor. Después de las vísperas cogió el vestido talar y el roquete, se los puso sobre el hombro y le dijo al párroco: “Mi mujer puede limpiar y planchar estos vestidos”.

A través de la puerta del jardín entró en la finca. En un banco se sentaba un hombre, que esperaba al Canciller. Era Lord Thomas Norfolk, uno de los principales nobles del Reino y miembro del Consejo Real. El rey le había enviado a Chelsea para hablar con el Canciller de un asunto que había olvidado decirle en Westminster, en la sesión del Parlamento.

Cuando Norfolk le vio entrar de aquella manera, mostró su indignación, aunque eran amigos. Sin saludarle se dirigió a él con una imprecación:

-¿Qué haces tú con esas ropas encima? Pones en ridículo al rey. ¡El Lord Canciller, un monaguillo y cantor de coro! ¿Quieres hacer que rían todos de nosotros? ¿Es ésta una de las bromas que haces siempre?

El Canciller puso su mano en el hombro de Norfolk y le dijo amigablemente:

-Thomas, tranquilízate. Yo sirvo sólo al más alto de los Reyes. Esto al rey no le puede importar. ¡Al contrario! Él es también sólo un servidor del más alto Rey. No hay contradicción en esto. Ven, sonríe otra vez. ¿Qué hay de nuevo? ¿Tengo que ir a Westminster de vuelta?

Norkolf gruñó un “No”, y los dos entraron en la casa.







Comments: Post a Comment



<< Home

This page is powered by Blogger. Isn't yours?