Friday, November 28, 2008

 

295 - Pasar de largo

Jesús Urteaga escribe en una revista:


Ulises, protagonista del poema de Homero, Odisea, regresa desde Troya a Ítaca, su isla nativa, donde le espera su esposa Penélope.

Circe, la hija del Sol, que mora en la isla Ea, le advierte de los peligros que le acechan; la tentación más fuerte que sufrirá provendrá de las Sirenas. Estos grandes pájaros de enormes plumas y cabeza de mujer, encantan a los navegantes que imprudentemente se acercan a los peñascos que emergen de las costas marinas.

-Si os paráis a escuchar su voz, no podréis regresar jamás a vuestros hogares, quedaréis hechizados por su canto. ¡Pasad de largo” Cubrid de cera vuestros oídos y tapad los de vuestros compañeros.

Ulises refiere a los suyos la terrible advertencia y dice a todos:

-Yo sólo escucharé su voz. Sujetadme con cuerdas al mástil y, por mucho que os ruegue y suplique, no me soltéis.

La nave se pone en marcha. Calentada la cera, se taponan los oídos de cuantos remaban sentados en los bancos. Ulises se ha hecho atar fuertemente de pies y manos al palo mayor del navío, mientras éste surca el espumoso mar.

Pronto se comienza a oír el famoso canto de las Sirenas. Y una voz se dirige a Ulises:

-Acércate y detén tu bajel.

Y con promesas que recuerdan a las serpientes bíblicas, insinúan:

-Después de recrearse con nuestra voz, todos se van sabiendo más que antes.

Es entonces cuando nuestro héroe hace gestos para que le desaten; pero los que previamente han sido advertidos realizan la amarradura con nuevos lazos, sujetándolo más reciamente.

Es así como Ulises logró salir victorioso de aquel difícil percance.

Si nos acercáramos al islote de las sirenas, contemplaríamos un espectáculo dantesco: una fila de hombres podridos junto a unas naves desvencijadas, rotas. Son los que sucumbieron a la tentación. Encontraron la muerte por no pasar de largo.




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